Primero de enero




«Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo.»

'Primero de enero', poema de Octavio Paz del que fueron tomados los versos anteriores, fue publicado en 1987 en el libro “Árbol adentro”. Aparentemente comprensible, el texto cifra en sus eslabones —las palabras— el ciclo latino de las repeticiones que todavía hoy imitamos. «Las puertas del año se abren,» el verso inicial del poema nos advierte que un nuevo tiempo está comenzando, sabemos por el título del poema que es primero de enero, el día uno que encabeza a los doce meses que le suceden, pero también este verso invoca a Jano bifronte cuando dice «Las puertas»; porque Jano es el dios romano de los dos rostros, la deidad por cuyas puertas atraviesa el tiempo y los ciclos se renuevan.

El mes de enero toma su nombre del latín 'ianua' que significa 'puerta', de 'ianua' se derivan 'ianuarius' —en inglés pasó como 'january' y en español como 'enero'—, además, de 'ianua' también surge 'Ianus', 'Jano', divinidad romana que abre las puertas del año y cuya cara trasera mira al pasado, mientras que la delantera, al futuro.

El nuevo año y el lenguaje son puertas abiertas hacia lo ignoto. Conforme se dicen, las palabras crean objetos, forman personas, edifican mundos y, en ese nuevo cosmos, el logos, Jano, da entrada a la vida que traza signos con los dedos del hombre y dibuja paisajes con las manos de sus ojos para amarse y desdecirse en la doble página de papel, en las dos puertas del dios romano por las que el día y la noche dan un territorio al tiempo, segunda puerta, segundo rostro que mira como testigo la caída de la muerte sobre el hombre.

«Tú estabas a mi lado, aún dormida. El día te había inventado pero tú no aceptabas todavía tu invención en este día. Quizá tampoco la mía. Tú estabas en otro día.» El día es invención que se piensa como certeza. En el primero de enero los espejismos que a la realidad acompañan se renuevan; la doble página de la cotidianidad hace un refugio en el sueño, dormimos para idealizar, para engañarnos con una tercera puerta donde Jano no tenga potestad.

«Cuando abras los ojos caminaremos, de nuevo, entre las horas y sus invenciones y al demorarnos en las apariencias daremos fe del tiempo y sus conjugaciones. Abriremos las puertas de este día, entraremos en lo desconocido.» Abrir los ojos y caminar, abrir las puertas para entrar. Cuando Roma estaba en guerra mantenía abierto el templo de Jano; «Las puertas del año se abren», en el primero de enero se renueva la batalla por la que nuestros corazones laten, entrar en el misterio es cargar con la máscara bifronte.


Miguel Ángel Martínez Barradas

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