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El huevo de Hermes

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Mirando a diferentes direcciones, lo humano, lo instintivo y lo etéreo buscan conciliarse. Existe una antología que reúne a los mejores poetas de la poesía lírica griega, se trata de la “Anthologia graeca”, un códice compuesto por epigramas de aproximadamente una centena de artistas procedentes de otras dos obras, la “Antologia Palatina” y la “Antologia Planudes”, y entre los que figuran Simias de Rodas quien, ubicado en la sección de misceláneos, publica unos interesantes caligramas pertenecientes a la poesía visual de la Technopaegnia; de estos caligramas destaca principalmente uno llamado “El huevo”, poema en el que Simias de Rodas encripta las enseñanzas de los misterios de Hermes y la liberación del hombre a través de la palabra. Es frecuente la creencia de que la poesía visual del caligrama tiene sus orígenes durante las vanguardias en el siglo XX con el poeta francés Apollinaire, sin embargo, los technopaegnias griegos del siglo IV a. C. en la “Anthologia graeca” ya d

Lo sublime y lo patético

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Brillaba la luna para los antiguos de tal forma que se confundía con el sol. «En igual forma, la musa inspira a los poetas, éstos comunican a otros su entusiasmo, y se forma una cadena de inspirados. No es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas componen sus bellos poemas. Semejantes a los coribantes, que no danzan sino cuando están fuera de sí mismos, los poetas no están con la sangre fría cuando componen sus preciosas odas, sino que desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor». Desde una perspectiva clásica, particularmente griega, el hombre tiene la libertad de elegir el rumbo que le quiere dar a su vida. Por un lado, está el mundo de lo material, de lo cotidiano, de lo finito, este tipo de hombres tienen entre otras tantas aspiraciones la riqueza y el poder, son individuos fácilmente corruptibles que se complacen con diversiones vanas, su fundamento son las emociones. Por otro lado, existe un gr

Ante un cadáver

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Máscara azteca elaborada con un cráneo humano y un cuchillo que representa a la lengua. «Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas regumque turres», esto recitaba, en una de sus odas, Horacio, poeta de la latinidad y habitante del imperio romano durante el siglo anterior al nacimiento de Cristo que a través de una oratoria incuestionable hacía notar la debilidad e igualdad de los hombres ante la fatalidad: “La muerte pálida, azota con su pie igualmente las casas de los pobres que las torres de los reyes”. La época conocida como el romanticismo mexicano, ocurrida en el siglo XIX, fue determinada estéticamente por las tertulias que los intelectuales de la época realizaban. Dichas reuniones contaban con la participación de grupos liberales, algunos pertenecientes a la masonería incipiente, donde se trataban básicamente dos temas: la ciencia y la poesía. Los ponentes, por lo regular, pertenecían sólo a una de estas dos esferas del conocimiento, sin embargo, hubo intelectu

Eros, reptil concupiscente

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«Muerta, yacerás, y de ti ya no habrá nunca más recuerdo ni añoranza en el futuro; no tienes parte ya en las rosas de Pieria; más bien, desconocida en la mansión de Hades revolotearás aquí y allá en medio de cadáveres sombríos.» Se dice, y también se cree popularmente, que los poetas poseen un vínculo con lo sagrado. Es a través del furor, decía Platón, de un estado de trance, como los poetas entran en comunicación con lo ininteligible. 'Un arrebato' lleva el alma de los aedos hasta el último límite del Topus Uranus y desde ahí, en plena apoteosis, son dictados los versos que han de cantar a los mortales a su retorno a esta tierra. Innumerables fueron los cantores griegos que experimentaron este trance divino, pero particularmente interesa para estas líneas un caso en particular, el de Safo de Mitilene, poetisa que además de ser la autora de los versos con los que hemos iniciado, es la única figura femenina que no ha podido ser borrada de la historia de la lírica clási

XP: Lux Mundii

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Lupus est homo homini «Habían abandonado la gruta momentos antes para entregarse a las entrañas del bosque. Uno tras otro iban sobre sus cuatro extremidades y sólo en momentos se detenían para aullar. Los colmillos carecían del filo mortal, pero la furia de los cuerpos compensaba su espíritu depredador. Sangrados y hambrientos los lobos retornaron a su cueva y adoptaron una figura humana con la que inició un banquete en honor al dios Pan, era una fiesta de purificación». Cuarenta días después del solsticio de invierno (que sucedía entre el 20 y 23 de diciembre) los romanos paganos realizaban un ritual de renovación. La fórmula era sencilla, en el mes de febrero se escogían a los hombres más aptos y dignos para representar al nuevo cuerpo sacerdotal. Estos elegidos habían, en su juventud, sido iniciados en los misterios pánicos mediante un ritual en el cual experimentaban su naturaleza animal. Vigorosos, los adolescentes eran exiliados a la gruta lupercal para imitar durante m

Profanar al origen

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«El aposento había sido maculado y la complejidad de la escena hacía imposible no dividir la vista; hacia arriba, pendiendo como un fruto maduro a punto de caer, colgaba el cuerpo de una mujer que apenas rebasaba los cincuenta años, su cuello estaba marcado con el sello de la desesperación y la ropa, desgarrada, exhibía la carne que las uñas propias arrancaron minutos antes; hacia abajo, en otro lado de la habitación, yacía hincado un hombre de gran estatura, joven y con un prisma puntiagudo en cada mano, su rostro lucía diferente, llevaba un abismo por máscara. Se había arrancado los ojos.» Poco o nada han cambiado los crímenes desde hace dos mil quinientos años cuando en Grecia los hombres morían por decisión de un oráculo funesto. Las tragedias, como género dramático, se valían de la unión del horror con la piedad para provocar en el espectador una catarsis –purificación– y alejarlo del sendero del vicio; el derramamiento de sangre en escena era parte del atractivo y el exi

Primero de enero

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«Las puertas del año se abren, como las del lenguaje, hacia lo desconocido. Anoche me dijiste: mañana habrá que trazar unos signos, dibujar un paisaje, tejer una trama sobre la doble página del papel y del día. Mañana habrá que inventar, de nuevo, la realidad de este mundo.» 'Primero de enero', poema de Octavio Paz del que fueron tomados los versos anteriores, fue publicado en 1987 en el libro “Árbol adentro”. Aparentemente comprensible, el texto cifra en sus eslabones —las palabras— el ciclo latino de las repeticiones que todavía hoy imitamos. «Las puertas del año se abren,» el verso inicial del poema nos advierte que un nuevo tiempo está comenzando, sabemos por el título del poema que es primero de enero, el día uno que encabeza a los doce meses que le suceden, pero también este verso invoca a Jano bifronte cuando dice «Las puertas»; porque Jano es el dios romano de los dos rostros, la deidad por cuyas puertas atraviesa el tiempo y los ciclos se renuevan. El mes