El arte del buen vivir

El refugio del ermita es la casa de la sabiduría, levantada a menudo en la tierra del silencio y la soledad.


Quod dolore vacat, non quod suave est, persequitur vir prudens
(No el placer, sino la ausencia de dolor es lo que persigue el sabio)

« Ή ησυχία φερει ευδαιμονιαν (He hesijía ferei eudaimonían)» es una locución griega que se enseña desde las primeras lecciones de dicha lengua. Se trata de una oración simple: un sujeto (He hesijía), un verbo (ferei) y un predicado (eudaimonían). La traducción literal sería: 'La tranquilidad produce felicidad'.

Aristóteles fue un filósofo griego del siglo IV a. C. cuya influencia continúa determinando nuestro pensamiento "moderno" a las formas más arcaicas, pero sofisticadas, de percepción, entendimiento y exteriorización del mundo. "Ética a Nicómaco" es el título de uno de sus tratados, en él se muestran algunos deberes del hombre para llevar a cabo la práctica de la virtud y alcanzar su propia felicidad, o como al inicio de este texto se cita, la "eudaimonía".

Pero ésta felicidad no puede hallarse sin su complemento, la "hesijía", concepto griego que remite a la tranquilidad. Mil años después de Aristóteles, en el siglo IV d. C., la hesijía derivó en una corriente filosófica del cristianismo oriental: el "hesicasmo", sus practicantes fueron sacerdotes que abandonaron las empresas humanas (tan vacías como las nuestras) para refugiarse en la soledad, silencio y quietud del desierto; en sus dunas cambiantes como los labios de un dios que es oído sin decir nada.

Entrado el siglo XIX fueron notables las figuras de los filósofos alemanes, uno de ellos, Arthur Schopenhauer, escribió el "Arte del buen vivir". Esta obra, basada en la eudaimonía aristotélica, pretende mostrar (y recordar) al hombre moderno que su paso por el mundo es temporal y su deber es buscar la felicidad, pero no aquella que se deriva del placer de estar sano, de poseer riquezas y de vivir en abundancia (pues ésta sería "eutijía", no eudaimonía), sino del aprender a vivir para la virtud y la ética, en favor de acercarnos al mayor bien: el camino de la belleza que nos acerca a la verdad.

El "Arte del buen vivir" examina al hombre desde tres ejes: "de lo que uno es", "de lo que uno tiene" y "de lo que uno representa". En concordancia con Aristóteles, Schopenhauer apuesta por una 'plenitud del ser' alejada de los cuatro mayores males: la riqueza, el honor, la fama y el placer recordándonos que: «En general, los sabios de todos los tiempos han dicho siempre lo mismo, y los necios, esto es, la inmensa mayoría de todos los tiempos, han hecho y dicho también lo mismo. Por eso decía Voltaire: "al marcharnos del mundo, le dejaremos tan tonto y tan malo como le encontramos al llegar a él"».

Partir de la hesijía del desierto interior hacia la eudaimonía del sabio atemporal; mudarse del mundo vicioso hacia la casa de la tranquilidad donde la plenitud del ser aguarda es tarea no del filósofo, sino del hombre virtuoso.

Miguel Martínez Barradas

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